
23 de septiembre de 2007, una mañana de domingo, mi cuerpo ha vuelto a despertar a las siete y media, con las mismas nauseas y el mismo cansancio tan terribles que llevó sufriendo desde hace varios meses atrás.
Los nervios de cada mañana al despertarme, son escalofriantes, todos los días ansío el momento de levantarme de la cama y no vomitar, no oír los millones de zumbidos que suenan en mi cabeza, no sentir como mi cabeza esta ausente del resto de mi cuerpo.
A medida que avanza el día no puedo concentrarme en nada. Nada que no sea lo que estoy sintiendo en mi interior.
Obsesionada por mi propio malestar, siento como mi vida se escapa de mis manos, y no puedo hacer nada para remediarlo.
El día se convierte en una odisea, desde el momento en que pongo un pie en el suelo, al levantarme, comienzo vomitando el desayuno, pese a mis esfuerzos de no hacerlo, el dolor en mi espalda es cada vez más insoportable y agudo a medida que pasan las horas del día, por la tarde comienza el dolor en la cabeza, seguido, imparable, me perturba constantemente y por la noche llegan los demonios a mi cama, ninguna posición es la correcta para poder cerrar los ojos un par de horas seguidas, por que es entonces cuando comienzo a sentir el dolor agudo de todos los huesos de mi cuerpo.
Cada noche deseo, con todas las fuerzas que me quedan, que más bien son pocas, que llegue a casa Oscar, mi marido, para poder acostarme, sabiendo que mi niño, mi pequeño de tan sólo cuatro años, estará bien atendido, puesto que he llegado a un punto, en el cual estoy agotada, incluso sin hacer nada.
A mitad de la noche, mi cama deja de ser una cama, para convertirse en una enorme piscina de agua muy fría, es mi propio sudor el que me despierta empapada en agua, acompañado por los terribles calambres que sufro en mis extremidades inferiores.
La pérdida de peso se hace irremediable, mi aspecto se deteriora, como rosa marchita por el tiempo. Mi cara tiene un aspecto enfermizo y mis ojos están marcados por dos enormes ojeras que los rodean. Mi rostro es el detonante de que algo me esta sucediendo, puesto que mi piel está pálida y sin luz.
He acudido durante un año al médico de familia, pero no ha encontrado ningún problema en mi salud, todo es el resultado del stress producido, por la casa, el trabajo y el niño, a parte de unas cuantas contracturas musculares, originadas por los esfuerzos de mi puesto de trabajo. Llevó diez años trabajando en una empresa en la cual tengo que realizar bastante esfuerzo físico cada día.
En reiteradas ocasiones, he vuelto al médico de cabecera, puesto que cada mes tengo una u otra infección, en la garganta, en los oídos e incluso en la vagina ...
Me han salido una especie de líneas marrones en las uñas de ambas manos, en unos tonos marrones, son como una especie de código de barras, también me he dado cuenta que han cambiado de color, no son rosadas sino más bien blanquecinas, el médico de cabecera me ha dicho que son consecuencia de la falta de vitaminas.
Pese a todos los resultados y pruebas que me están realizando cada día, siento que mi cuerpo me va abandonando, cada día me siento más cansada, e incluso ha llegado un momento, en el que ya no escucho a la gente que me rodea, el miedo se ha apoderado de mí.
Estoy obsesionada, mi cuerpo me pide ayuda desesperadamente y no encuentro solución.
Noto como cada día voy perdiendo la memoria, no me acuerdo de una cosa de un día para otro, no soy capaz de recordar donde he dejado una simple prenda de vestir.
Trabajo sólo cuatro horas, puesto que reduje mi jornada de trabajo en cuanto tuve a mi niño, para así poder seguir ayudando a mi marido, a hacer frente a las deudas. Entro a las diez de la mañana, pues cerca de las diez y media no puedo más, no puedo moverme, se me nubla la vista, me mareo, estoy agotada y algunos de mis compañeros, incluso me ayudan a hacer frente a mis obligaciones.
Cuatro años atrás solicite el horario de mañana de diez a tres menos cuarto, así podía llevar yo misma a mi niño a la guardería y también recogerlo por la tarde a las cinco, sin necesidad de buscar una canguro.
Tengo unos diez minutos a paso ligero desde el colegio a mi puesto de trabajo, pero el camino comienza a hacerse insoportable, en un par de minutos mis piernas, son como bloques de piedra, soy incapaz de llegar a mi trabajo, sin sentir un agotamiento extremo.
Llegó un momento, en mi vida en el que mi cabeza me decía; _ ¡Nena! Despídete has llegado al final de la escalera, no tienes fuerzas para seguir subiendo peldaños.
Obsesionada cada día más he comenzado a buscar en los libros de medicina e Internet que es lo que me esta pasando, todas las conclusiones me hacen pensar en lo mismo, tengo cáncer, pero, ¿Dónde?, ¿De qué? Y sobre todo ¿Por qué?
Es casi, imposible, que con todos los estudios y pruebas que me han realizado con anterioridad, que nadie se hubiera dado cuenta, no pueden dejar pasar algo así por alto, es inexplicable.
Mi marido Oscar, me ha llevado varias veces a urgencias de Zaragoza, supongo que por mi propia insistencia, ya que una y otra vez me repiten lo mismo, no tienes nada.
¡Dios mío!, ¿Estoy cayendo en un estado de locura?, ¿Todo lo que me esta sucediendo está siendo producido simplemente en mi cabeza?, ¿Puedo ser una hipocondríaca? Pero no puede ser me repito a mi misma, una y otra vez, los dolores en mi espalda son reales, las nauseas salen de mi interior como la lava por la boca de un volcán en erupción, es algo inexorable, y yo no lo produzco, cada día estoy más convencida, de que algo sucede dentro de mí.
La familia, ha empezado a pensar que no estoy bien psicológicamente, puesto que cada dos por tres, llamo a mi hermana llorando, o a mi tía, estoy aterrorizada y estoy volviendo loco a todo el mundo.
Llamo llorando a cualquier hora, diciéndoles que no estoy bien, que algo me pasa, pero claro los informes médicos no dicen lo mismo con lo cual nadie parece hacerme caso.
Necesito ayuda.
Domingo 23 de septiembre, son las diez de la mañana, despierto a Oscar, y le digo: _Vuelve a llevarme a urgencias, se pone a gritar como siempre, me dice que es una tontería, que no tengo nada y que empieza a estar cansado del asunto, y sobre todo me dice que lo deje dormir, que es domingo.
La incertidumbre, es a cada minuto que pasa más insoportable, el reloj se ha parado, los minutos se han convertido en horas para mí, empiezo a entrar en un estado de ansiedad terrible, los nervios me superan, el miedo me angustia, la impotencia de que nadie me haga caso me consterna y la sensación de estar llegando al final de la escalera, me martiriza a cada segundo.
Oscar, ha bajado a tomar su desayuno, le he pedido llorando, que me vuelva a llevar a Zaragoza, puesto que no puedo más, la única forma de introducir cualquier tipo de alimento en mi cuerpo, es estar haciendo otra cosa a la vez que ingiero el alimento, llevó unas dos semanas en las cuales las peras, o cualquier pieza de fruta es mi único alimento.
Al final ha accedido aunque enfadado así que hemos llevado a mi hijo, a casa de mi cuñada y le hemos explicado que volvíamos a urgencias, porque yo no me encuentro bien, ella muy tranquila nos ha dicho: _No te preocupes chica, que te vuelvan a mirar, y te hagan más pruebas, y se ha ofrecido a preparar también la comida, para cuando regresemos del hospital.
Nos hemos metido en el coche y algo me dice que no voy a volver a casa, es una sensación angustiosa, miles de hormigas recorren mi cuerpo, como si se hubiesen puesto en marcha, hacia un proceso irrefutable.
Hemos llegado al hospital, me han hecho unas preguntas, y luego unos análisis, en el informe médico que han redactado a la entrada la doctora, me han diagnosticado anorexia. Me he puesto como una histérica, y le he dicho que de eso nada, que jamás me he preocupado por el aspecto físico, y que no puedo comer nada porque el cuerpo no me lo admite, entonces ella me ha dicho: _Bueno, esta bien, te voy a pedir un hemograma completo. Nos ha mandado a la sala de espera, donde llevamos ya un par de horas.
En estas dos que llevamos esperando Oscar y yo en la sala, no hemos hablado de nada, puesto que Oscar, esta enfadado, como la mayoría de las veces, que no puede hacer lo que quiere, su día de domingo se ha complicado otra vez por una tontería, según él. porque yo, no tengo nada.
Me han llamado por megafonía, y hemos entrado al box de nuevo, allí esta la enfermera que me ha atendido con anterioridad y me dice: _Un momento, Maria Pilar ahora vendrá la doctora Izquierdo de Hematología, a hablar contigo.
Yo me agarro fuerte a la mano de Oscar, pero él se queda impune, ¡no te sucede nada, no tienes nada!, Son nuevamente sus palabras, mi corazón, parece que va a salir disparado de mi pecho, como una flecha. Entonces, entra la doctora y nos presentamos, su mirada me pone más nerviosa aun, y es entonces cuando muy tranquila me dice; _Mira, Pilar te voy a dejar en observación unos días, tenemos que realizarte unas pruebas, para saber con exactitud de que estamos hablando, yo le digo; _Pero, ¿De qué se trata?, ¿Es algo malo? Ella me contesta, que es muy pronto para afirmarme nada, entonces me pongo más nerviosa todavía y le digo; _Bueno, pues al menos dime que es lo que crees que tengo, ella con mucha calma me dice, que estamos hablando de una posible Leucemia.
¿Leucemia?, ¿Qué es Leucemia? _Eso es cáncer digo tranquilamente, entonces ella me explica que en el hemograma, han hallado dentro de mis leucocitos un 60% de elementos miéloides atípicos, y que me tienen que realizar una aspiración de médula ósea para saber exactamente de que tipo de enfermedad en la sangre estamos hablando.
Siento que mi cuerpo descansa durante unos segundos, es mi salvación entre comillas, por fin alguien da nombre y apellidos a lo que me esta sucediendo.
No estoy loca, lo que me esta ocurriendo es cierto, Oscar se queda quieto y entonces me coge la mano.
No sé lo que pasa por su cabeza, porque nunca quiso hablar conmigo de lo que me estaba ocurriendo.
Sé que por la mía, acaban de pasar todos los recuerdos de mi vida, como pequeñas diapositivas, pero no me he parado a pensar en ellos, pasan sin mas miles de imágenes, miles de recuerdos, miles de sueños incumplidos, tampoco sé muy bien de que se trata, con lo cual la dejó a un lado, pienso, en mi niño, nunca lo he dejado sólo, pese a que tiene cuatro años. Pienso en que no puede ser cierto, que esto no me esta pasando a mí, que es un mal sueño, y que acabaran por decirme que no me pasa nada.
Tranquila y serena le pido a la doctora que me deje salir a fumar un cigarro, que ironía acaban de diagnosticarme una posible enfermedad grave, y aun así sigo pensando en fumar, pese a las circunstancias ella ha accedido, advirtiéndome, que vuelva a entrar que hablamos de algo muy serio, y no puedo dejarlo pasar.
Estamos en la calle Oscar se encarga de llamar a su familia, y a mi hermana Ana, yo fríamente llamo a mi tía Trinidad la hermana de mi madre, puesto que es la única persona de la familia, de mi madre con la cual mantengo siempre una relación especial, y como si de algo normal se tratase le digo; _Estoy, en urgencias y me han diagnosticado una posible enfermedad en la sangre, faltan unas pruebas, pero por el momento me van a dejar ingresada, ahora estamos en la calle, ya te avisaré con lo que me digan.
En cuestión de media hora, toda mi familia se ha presentado en el hospital. La familia de Oscar, ha preferido esperar a los resultados, antes de venir desde el pueblo, puesto que estamos a cincuenta kilómetros de la ciudad.
Mi familia ha llegado, tengo los goteros puestos, para calmar el dolor de la espalda, y me han puesto un pijama azul, dos o tres tallas más grande que yo, me queda espantoso por Dios, pero postrada en aquella cama, me siento tranquila, no quiero pensar, no quiero saber que es exactamente lo que me va a suceder, sólo quiero descansar, cerrar los ojos y volver a abrirlos un par de años atrás, cuando no me dolía nada y disfrutaba de todos los momentos que me regalaba mi niño.
Lilian, 18 de agosto de 2010

Estremecedor. No he podido parar de leer...
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