27 de septiembre, mi cuerpo despierta angustiado, van a darme el resultado de la prueba, siento de nuevo miedo, horror, no puedo imaginar que sea real, no quiero, no puedo tener cáncer, no con 31 años y toda una vida por delante, no en estos momentos de mi vida, no puedo dejar a mi niño de cuatro años, sólo, no puedo permitirme a mi misma dejar de luchar, por lo que más quiero, mi niño.
Llega la hora, entra la Doctora, para decirme a las nueve de la mañana que se había confirmado, tengo Leucemia. La Leucemia, es un cáncer en la sangre, mi médula ósea esta enferma dentro de la médula ósea tenemos un tejido llamado tuétano, y en este se fabrica la sangre de todo nuestro cuerpo. En mi sangre se produce un aumento incontrolado de leucocitos, que son los encargados de luchar contra las infecciones, dentro de la médula ósea se producen el 95% de las células sanguíneas que se encuentran dentro de los huesos.
Me confirma que tengo Leucemia Aguda Mieloblástica, mi familia se derrumba, claro que sí, porque no iban a hacerlo, pero no han dejado salir ni una sola lágrima de sus ojos, no lo han hecho, pero si algo no han podido evitar es el que yo viera el dolor reflejado en sus rostros. El miedo que todos tienen. Soy egoísta espero con calma el momento en que Oscar me abrace con fuerza, y comience a llorar, pero no lo hace, no hace nada, se queda quieto para solo decir que no me va a pasar nada.
En silencio desde mi interior, le digo Oscar cariño necesito que llores por mí, necesito ver que me necesitas y que tu miedo a perderme sea mi lucha diaria por salir adelante, por ti cariño por ti y por mi niño, háblame oscar por favor, cariño, dime algo dime que me quieres, dime que me necesitas. Pero esto solo sucede en mi interior, no oigo nada en realidad solo que no va a pasarme nada.
Se ha confirmado tengo cáncer.
El tipo de Leucemia que me han diagnosticado, es de evolución rápida, y los glóbulos afectados son los mielocitos.
Mi cuerpo esta impregnado en un 83,4 por ciento de elementos blásticos, que son los leucocitos inmaduros, con lo cual no pueden cumplir su trabajo, por eso no pueden luchar contra las infecciones de mi cuerpo.
Mi marido me acompaña dando un paseo a la sala de los enfermos, a partir de este mismo momento, han dejado de ser enfermos para ser mis compañeros de penas y alegrías.
He entrado en la sala, siento miedo, yo todavía llevo una larga melena de pelo rojo, pese a que soy morena.
Me ha impactado el aspecto del resto de mis compañeros, completamente calvos o con pañuelos en sus cabezas, tienen la misma mirada pérdida, su color es más bien amarillo, sus ojos están hundidos y llenos de ojeras, parecen todos iguales y además todos tenemos el mismo objetivo, luchamos por vivir.
Ya no es lo más importante, estar guapo o feo, ser alto o bajo, ser rico o pobre, que más daba, las cosas que antes me parecían importantes han quedado atrás. Las prioridades de la vida han cambiado, todos queremos lo mismo, seguir viviendo.
Ha entrado un chico nuevo en la sala y no he podido evitar pese a mi situación fijarme en él, viene acompañado de una chica joven, de unos 25 años que a priori cualquiera puede decir, que es su pareja.
Tiene una mirada profunda, sus ojos irradian paz, y una gran sensación ha invadido mi corazón cuando ha dispuesto su mirada sobre mí.
Gregorio, uno de los compañeros nos presenta, se llama Antonio. Me ha dado dos besos, que todavía siento en mis mejillas, ha sido como si alguien, por algún motivo desconocido, hubiese lanzado un par de dardos a una diana pero con la intención de dar en el centro de la misma. Ha comenzado a hablarme y a contarme su experiencia con la prueba de la punción; algo más exagerado puesto que era andaluz, pero su voz suena distinta, sensible, cariñosa. Mientras me habla, nuestras miradas se unen en una sola, durante unos minutos ambos, nos hemos olvidado, que no estamos solos.
Esa misma tarde Gregorio, ha venido un rato a verme y me ha dado mas detalles de Antonio, me ha dicho que la chica que lo acompaña es su hija, que lleva un mes ingresado, que tiene 43 años y que tiene Leucemia como nosotros, me he quedado sorprendida, puesto que jamás hubiera imaginado que tuviera doce años más que yo.
Alguna de las mañanas Antonio y yo hemos coincidido en la salita del final del pasillo, o por el pasillo, y hemos hablado de lo que ambos tenemos en común al menos en estos momentos, el mismo tipo de Leucemia, puesto que esta enfermedad tiene muchos grados, cada uno de ellos situado en una escala diferente.
Compartíamos Leucosis Aguda Mieloblástica en grado cuatro.
El siempre me habla en positivo y me da ánimos para no tirar la toalla, siempre me dice, que cuando todo esto pase veré la vida de otra manera, valoraré mas las cosas pequeñas y menos importantes y seré una persona diferente.
Me ha dicho que él después, de estar un mes ingresado ha empezado a valorar más las cosas más sencillas y que a veces dejamos pasar desapercibidas.
27 de septiembre, he comenzado con la primera tanda de quimioterapia, llamada terapia de inducción, cuya misión es reducir las células leucémicas hasta niveles indetectables, esta consta de 20 goteros de citarabina y antraciclina, que me serán suministrados durante cinco días, consecutivos.
Estos dos compuestos serán los encargados de intentar llevar a la muerte todas mis células cancerigenas.
Mi hermana me ha propuesto llamar a la peluquera del hospital, me dice que es mejor cortarme el pelo que empezar a ver como este se cae poco a poco, no estoy convencida pero lo han hecho.
Me han obligado a sentarme en la silla, frente a la ventana, siento como mis lágrimas recorren mis mejillas, como se deslizan sobre mí, para acabar su camino en una triste toalla.
El primero de los goteros me ha aterrorizado, viene envuelto en una especie de papel de aluminio, puesto que se supone no le puede dar la luz directa. Pienso a cada momento en la clase de veneno, que van a introducir en mi cuerpo, sea para bien o para mal es la única salida.
Llevó once goteros de quimioterapia. Comienzo a sufrir los efectos devastadores, que esta comienza a producir en mi cuerpo.
29 de septiembre, los goteros han empezado a arrasar con lo bueno y lo malo de mi cuerpo, es sábado por la noche. No puedo ir al baño desde que he entrado al hospital, con lo cual yo misma he hablado con la enfermera por que me duele mucho la tripa y le he pedido un enema. Ha comenzado la odisea más terrible que puedo alcanzar con la memoria.
Permanezco desde el día 2 de octubre has el 22 en un estado de agranulocitosis total, la quimioterapia ha destruido todos mis glóbulos blancos de forma tan rápida que no ha dado lugar a producir nuevos, recuerdo poco de esos días, he permanecido sin saber, donde estoy o como me llamo, recuerdo las náuseas, los vómitos, la fiebre tan alta que me tiene todo el día en otro mundo, recuerdo mis gritos pido calcetines, cuando la fiebre es tan alta, el dolor en los oídos es tan insoportable, el dolor de la garganta es tan punzante, mis defensas están por los suelos, recuerdo los calambres en mis piernas, los temblores producidos por la fiebre.
Durante el proceso de agranulocitosis, han tenido que transfundirme seis unidades de concentrado de hematíes y siete unidades de concentrado plaquetario, cuando me transfunden sangre, me siento agotada, pero cuando me transfunden plaquetas me siento tan viva, es como volver a ser yo. Mi cuerpo en esos momentos se siente con vida, joven con ganas.
Mi hermana Ana, limpia las babas de mi boca, oigo sonar el teléfono de fondo en mi habitación, como si lo tuviera muy lejos. Recuerdo vagamente como me han cambiado de habitación, porque en el transcurso de la primera tanda de quimioterapia me han llevado a la habitación 602 aislada de todo contacto con el exterior excepto de la familia, médicos y enfermeras.
Ellos sí pueden entrar armados hasta los dientes, con guantes, batas, mascarillas, para no contagiarme con ningún tipo de infección.
Durante los veinte días que mi vida ha estado apagada, mi prima Silvia ha ido escribiendo día tras día, lo que me esta ocurriendo, tengo vagos recuerdos de esos días, pero si recuerdo mi única obsesión, tengo que subir todas mis cifras, y estas no lo hacen, me he convencido a mi misma que estoy muriendo, que no voy a lograrlo, pero recuerdo que una mañana ha entrado la doctora, como siempre y me ha dicho: pequeña, has comenzado a subir, recuerdo que me había explicado que tenia que alcanzar al menos los 5000 leucocitos, a parte de otros componentes de mi sangre, ella se ha dado cuenta que el entrar cada mañana y decirme pequeña estas son tus cifras, me voy animando, cada día subo y subo y mi estado de ánimo, va mejorando.
Ahora voy a ir introduciendo la información que me ha sido prestada, gracias a la fortaleza de mi prima Silvia de ir plasmando en un papel los detalles de algo tan difícil, para alguien que te quiere.
Primero de sus relatos:
Han pasado ya unos días desde que empezó todo esto, y la verdad, no he tenido la fuerza suficiente como para escribir diariamente todo lo que estás sufriendo.
Recuerdo que paso muchas tardes, intentando mantenerme despierta, hicimos un puzzle para mi niño, me obligaba a jugar a las cartas, pese a que ni las veía, su paciencia y su comprensión fueron un regalo para mí, lo recuerdo hablando por teléfono con mis compañeras de trabajo, explicando lo que me estaba pasando, también como me abrazaba llorando, cuando yo lloraba, como me lavaba cuando yo misma no podía hacerlo.
Hizo todo lo que un padre hubiera hecho por su hija, y por ello le estaré siempre más que agradecida.
Segundo relato:
Acabo de llegar del hospital, allí te he dejado con mi padre, más bien dormida que despierta. Cada día tienes menos pelo. Hoy nos han dicho que tu intestino se ha inflamado por la quimioterapia, por eso tienes la tripa así, de enorme.
Cada día sale algo nuevo y por desgracia, nada bueno, pero ya verás como después todo cambiará, luego notarás mejoría. Confía en ti misma y sigue luchando. Bueno mañana nos vemos y pasearemos juntas, me lo has prometido.
Tercer relato:
Hoy no he pasado por el hospital, siento que me falta algo, sigues con esas diarreas horribles que no te dejan descansar, no te da tiempo a llegar al baño pese a que lo intentas con todas las fuerzas que te quedan, no te preocupes prima, has empezado a perder la vergüenza y todos te ayudamos, y tu pones mucho de tu parte, tu misma intentas lavarte, es muy difícil para ti todo lo que te esta pasando pero lo vas a conseguir.
Entre todos te hemos comprado una tele con DVD incorporado para que puedas ver películas, por lo menos tu mirada no estará dirigida a la pared, como haces hasta el momento.
Hoy nos han dicho que esto, es una enfermedad muy difícil, que igual que puedes mejorar, puedes empeorar.
Hoy de madrugada, te van a dar un yogur, tal vez no te des cuente, pero así comprobarán si tu estómago admite algún alimento, y las diarreas son producidas por la alimentación intravenosa que te dan. Bueno primita sigue luchando y pon todo de tu parte para recuperarte pronto. Besos.
Cuarto relato:
Hola primita, estamos a 15 de octubre y este pequeño diario ya no es un secreto. Ayer te dije que estaba escribiendo a mi manera tu enfermedad. Ayer estabas guapa, tus ojos tenían fuerza, tu voz ya no era débil, vas siendo poco a poco “TU”.
Anoche dormiste bien, ya no tienes que ir tanto al baño, y los dolores me imagino que no los tenías puesto que no diste tantas vueltas. Aun no comes nada y eso nos preocupa, tienes que comer, para recuperar fuerzas. A última hora de la tarde te harán una nueva ecografía, a ver que nos dicen mañana.
La verdad es que es muy difícil, verte así, estás sufriendo mucho y todos nos sentimos impotentes de no poder hacer nada para ayudarte. Tú eres la que más estas padeciendo y sólo confío en que te agarres a algo para seguir luchando.
Bueno primita, espero que de aquí a cuatro o cinco días estés más recuperada y piensa: los sueños de ayer son las esperanzas de hoy y pueden convertirse en realidad mañana. Eres muy valiente prima. Te quiero mucho.
23 de octubre me han hecho una segunda aspiración de médula, Antonio, me ha comentado que puedo tomarme un tranquilizante, antes de bajar a la sala de las punciones, y así notare menos la prueba, puesto que estaré mas adormilada, se lo comento, a mi médico y este me ha dicho que si puedo tomármelo.
Me han bajado a la sala, me he concentrado en las últimas palabras que me ha dicho mi niño por teléfono:
_Mamá, comete toda la comida y sal de ahí.
Es muy pequeño, para entender porque estoy en un hospital, tanto tiempo, le habían dicho que mama, estaba en el hospital por no comer.
Tal fue mi concentración que lo único que recuerdo de esa aspiración fueron las palabras de mi hijo, que se repetían una y otra vez en mi cabeza.
Quinto relato:
Estamos a 24 de octubre, hace días que no escribo, las cosas van bien, tu tripa por fin se ha desinflamado, casi ya no tienes goteros y tus visitas al baño son las normales.
Se te ve con fuerzas, con ganas de tirar hacia delante, que se te ponga lo que se te ponga por delante, vas a poder con ello. Hoy te han dado una buenísima noticia, seguramente el fin de semana te dejan irte a casa, para que puedas ver a tu chiquitín, que ayer te dio toda la fuerza en tu segunda aspiración de médula.
Estamos esperando los resultados y creo que saldrán bien tu optimismo cuenta mucho y estás que te sales, aunque tengas tus pequeños bajones.
Sexto relato:
Ya te han dado los resultados de la 2ª punción, me has llamado a primera hora de la mañana para darme la noticia:
La leucemia ha remitido en su totalidad, te queda un 4% más o menos. Desde el lunes comenzaras con tu segundo tratamiento, es la terapia de consolidación de la leucemia, en este tratamiento la misión es la eliminación completa de cualquier resto de enfermedad para lograr tu curación, este tratamiento consiste en unas pastillas junto con unas inyecciones subcutáneas en el brazo. Ya te han advertido que es otro proceso como el anterior, y tienes que volver a superarlo.
Mañana te vas a casa aunque tendrás que venir a ponerte los goteros por lo menos dormirás al lado de tu hijo y tu marido.
Séptimo relato:
Me imagino que estarás algo tristona, el fin de semana esta acabando y mañana tienes que volver al hospital. Espero que este fin de semana te haya servido para coger fuerzas y para darte cuente que fuera té queda mucha vida. Ojala, tu cabeza no pensara, se quedara en blanco todo este tiempo y vieras todo en positivo.
Sinceramente, nadie podemos ponernos en tu lugar, pero nos estas dando a todos una lección de valentía y recuerda que todos te necesitamos.
Mañana empiezas con tu segunda quimioterapia, espero que no sufras mucho y sobre todo que el tratamiento sirva de algo.
Es muy duro ver sufrir a una persona que te importa y ver como este mundo es injusto con quien no debe. Te quiero y buenas noches.
Lilian, agosto 2010

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