Al tasar la primera pieza Lantín ha salido de la joyería más nervioso que enfadado. Los nervios los produce la cantidad de dinero de la que es dueño; el enfado viene a ser consecuencia de la pregunta más lógica en esos momentos, para él: _ ¿De dónde saco mi esposa tanto dinero?.
A medida que va avanzando a paso lento por las calles estrechas de la ciudad, su nerviosismo va dejando paso al enfado, a la rabia, a multitud de sentimientos que hace tiempo no sentía. Miles de ideas han empezado a dar vueltas en su enorme cabeza, miles de preguntas con tan solo una respuesta, la infidelidad de su mujer.
La necesidad lo acaba de invitar a descubrir que la mujer de sus sueños, la mujer que lo alimentaba con aparente ilusión y lo hacia el hombre más feliz, era en realidad una mujer desdichada.
Lantín llegó a casa sabiendo que al día siguiente sería dueño de un montón de dinero que lo ayudaría a salir de sus problemas económicos y a empezar una nueva vida. Pero la realidad es que imaginar que su mujer había sido desdichada a su lado lo hacía in merecedor de tal posesión, lo hacía sentirse tan culpable que Lantín a la mañana siguiente regresaría para recoger su pieza y no para cobrarla. Seguidamente iría a su oficina y se despediría de su trabajo, sin dar ninguna explicación.
Así comenzó a hundirse en la más pura de las miserias, puesto que pasó los últimos años de su vida viviendo entre cartones y comiendo de los restos de los contendedores de basura que recorrían las calles de la ciudad.
Lantín llevó siempre consigo su desdicha, pues en un pequeño pañuelo roído por el paso de los años llevaría siempre las joyas de su mujer. Convirtiéndose a si mismo en el ser mas desdichado.
A medida que va avanzando a paso lento por las calles estrechas de la ciudad, su nerviosismo va dejando paso al enfado, a la rabia, a multitud de sentimientos que hace tiempo no sentía. Miles de ideas han empezado a dar vueltas en su enorme cabeza, miles de preguntas con tan solo una respuesta, la infidelidad de su mujer.
La necesidad lo acaba de invitar a descubrir que la mujer de sus sueños, la mujer que lo alimentaba con aparente ilusión y lo hacia el hombre más feliz, era en realidad una mujer desdichada.
Lantín llegó a casa sabiendo que al día siguiente sería dueño de un montón de dinero que lo ayudaría a salir de sus problemas económicos y a empezar una nueva vida. Pero la realidad es que imaginar que su mujer había sido desdichada a su lado lo hacía in merecedor de tal posesión, lo hacía sentirse tan culpable que Lantín a la mañana siguiente regresaría para recoger su pieza y no para cobrarla. Seguidamente iría a su oficina y se despediría de su trabajo, sin dar ninguna explicación.
Así comenzó a hundirse en la más pura de las miserias, puesto que pasó los últimos años de su vida viviendo entre cartones y comiendo de los restos de los contendedores de basura que recorrían las calles de la ciudad.
Lantín llevó siempre consigo su desdicha, pues en un pequeño pañuelo roído por el paso de los años llevaría siempre las joyas de su mujer. Convirtiéndose a si mismo en el ser mas desdichado.
Lilian, mayo 2011


No te canses de escribir...sigue :)
ResponderEliminar