¿Por qué escribir quince años después? Tal vez sea la primera cuestión que deba plantearme antes de comenzar a contar la historia de una parte de mi vida. Supongo que en realidad no sé el motivo real que me lleva a querer plasmar en un papel algo tan importante para mi en aquellos momentos de mi vida, algo que supongo solo debería guardar para mi misma, como la mayoría de los mortales.
Pienso que compartiendo los hechos duelen menos, pienso que la carga es más fácil de llevar si es compartida. Tal vez sólo necesite compartir un trauma de la infancia oculto en mi interior que de cierta manera sigue causando estragos en mi vida y no logró superar, o tal vez tan solo sea una realidad, una pequeña estrategia que he ido construyendo sin apenas darme cuenta para poder mirar con fuerza al futuro, o quizás un mal que atormenta mi presente consiguiendo de esta forma que sea incapaz de reencontrarme conmigo misma, ahora que la vida me ha presentado a una nueva compañera, que parece no querer marcharse de mi lado, mi querida Soledad.
Nuestra historia apenas duro unos meses, pero siempre creí que era alguien especial, que podía dar un poco de luz a la vida de una persona sumergida en un mundo de problemas. Las cosas no sucedieron como yo esperaba y en poco tiempo deje de ser su fiel acompañante al cine, y también su último recurso para presentar a tiempo los resúmenes a los libros que en el instituto le mandaban leer. Apareció ella sin más de la noche a la mañana. No es que yo sea egoísta ni mentirosa, pero apareció la persona con menos encanto que nunca hubiera imaginado, delgaducha, poco femenina y encima con una lengua viperina capaz de herir a la pieza más fuerte que encontrase en su camino. Me había cambiado por otra persona, sin motivos aparentes. Sin saber por que desapareció de mi vida como desaparece un calcetín en el tambor de una lavadora y nadie sabe donde fue a parar. Con el paso de los años, el destino volvía a unir nuestros caminos; caminos totalmente diferentes y sin ningún tipo de esperanza para ambos. Tan sólo recuerdos, algún reproche y el morbo de saber que una vez hubo fuego en nuestras vidas. La tarde que volví a tenerlo de frente, recordé cada minuto que había pasado con él, recordé cada sensación, recordé
¿Por qué una vez me había enamorado de él?, ¿y el porque volvería ha hacerlo? el encanto de su voz, la forma tan humilde de querer hacer justicia. Esa serenidad que transmite al hablar, es admirable como persona. Admiré cada uno de sus detalles, cada uno de sus gestos y en mi interior pensé que no era justo, admiré cada milímetro de su cuerpo visible a través de la mesa que nos separaba, la luz de su mirada, su rostro envejecido pero con el mismo encanto personal de hace quince años.
Mantuve en mi cabeza durante años que era el hombre de mi vida, el único y verdadero hombre que sería capaz de querer realmente. Supongo que las primeros amores de una chica de 17 años nunca se olvidan, dicen que son los que más marcan, y creo que en mi caso el dicho tiene toda la razón. Una y mil veces me hubiera entregado a él ahora y hace quince años, supongo que el destino nos ofrece algo más que eso, nos da la oportunidad de madurar una amistad y es algo que no voy a dejar pasar, por eso te escribo estas letras sin sentido para muchos, con todo el sentido del mundo para mi, toma lo que el destino te ofrece sin esperar nada a cambio, deja que el fuego apagado no reviva nunca y hagamos de este encuentro una verdadera amistad.
“Recuerdo lo niño que eras … como aquella tarde vagabas entre la niebla intentando llegar al final de la calle a la salida del colegio. Mientras yo te observaba sin decirte nada, na calle que para mi era larga, puesto que apenas podía divisar donde acababa . Una calle oscura e incluso a veces intensamente fría.
Cuando recuerdo a esa niño caminando con paso inseguro, siempre con rapidez, cabizbajo como si quisiera pasar desapercibido en todo momento, noto como si sintiera que se habré una herida profunda en mi interior y como comienza a sangrar de nuevo, como la sangre comienza a fluir como si quisiera salir al exterior, recorrer cada poro de mi piel desnuda y acabar en el olvido.
Mientras recuerdo todo lo que ha quedado atrás para ti y para mi puedo sentir el olor de la niebla densa, la humedad que ésta dejó en nuestras vidas a cada paso que dimos y la enorme sensación de frío que durante el resto de mis años de vida, será mi más fiel compañera“ .
Pienso que compartiendo los hechos duelen menos, pienso que la carga es más fácil de llevar si es compartida. Tal vez sólo necesite compartir un trauma de la infancia oculto en mi interior que de cierta manera sigue causando estragos en mi vida y no logró superar, o tal vez tan solo sea una realidad, una pequeña estrategia que he ido construyendo sin apenas darme cuenta para poder mirar con fuerza al futuro, o quizás un mal que atormenta mi presente consiguiendo de esta forma que sea incapaz de reencontrarme conmigo misma, ahora que la vida me ha presentado a una nueva compañera, que parece no querer marcharse de mi lado, mi querida Soledad.
Nuestra historia apenas duro unos meses, pero siempre creí que era alguien especial, que podía dar un poco de luz a la vida de una persona sumergida en un mundo de problemas. Las cosas no sucedieron como yo esperaba y en poco tiempo deje de ser su fiel acompañante al cine, y también su último recurso para presentar a tiempo los resúmenes a los libros que en el instituto le mandaban leer. Apareció ella sin más de la noche a la mañana. No es que yo sea egoísta ni mentirosa, pero apareció la persona con menos encanto que nunca hubiera imaginado, delgaducha, poco femenina y encima con una lengua viperina capaz de herir a la pieza más fuerte que encontrase en su camino. Me había cambiado por otra persona, sin motivos aparentes. Sin saber por que desapareció de mi vida como desaparece un calcetín en el tambor de una lavadora y nadie sabe donde fue a parar. Con el paso de los años, el destino volvía a unir nuestros caminos; caminos totalmente diferentes y sin ningún tipo de esperanza para ambos. Tan sólo recuerdos, algún reproche y el morbo de saber que una vez hubo fuego en nuestras vidas. La tarde que volví a tenerlo de frente, recordé cada minuto que había pasado con él, recordé cada sensación, recordé
¿Por qué una vez me había enamorado de él?, ¿y el porque volvería ha hacerlo? el encanto de su voz, la forma tan humilde de querer hacer justicia. Esa serenidad que transmite al hablar, es admirable como persona. Admiré cada uno de sus detalles, cada uno de sus gestos y en mi interior pensé que no era justo, admiré cada milímetro de su cuerpo visible a través de la mesa que nos separaba, la luz de su mirada, su rostro envejecido pero con el mismo encanto personal de hace quince años.
Mantuve en mi cabeza durante años que era el hombre de mi vida, el único y verdadero hombre que sería capaz de querer realmente. Supongo que las primeros amores de una chica de 17 años nunca se olvidan, dicen que son los que más marcan, y creo que en mi caso el dicho tiene toda la razón. Una y mil veces me hubiera entregado a él ahora y hace quince años, supongo que el destino nos ofrece algo más que eso, nos da la oportunidad de madurar una amistad y es algo que no voy a dejar pasar, por eso te escribo estas letras sin sentido para muchos, con todo el sentido del mundo para mi, toma lo que el destino te ofrece sin esperar nada a cambio, deja que el fuego apagado no reviva nunca y hagamos de este encuentro una verdadera amistad.
“Recuerdo lo niño que eras … como aquella tarde vagabas entre la niebla intentando llegar al final de la calle a la salida del colegio. Mientras yo te observaba sin decirte nada, na calle que para mi era larga, puesto que apenas podía divisar donde acababa . Una calle oscura e incluso a veces intensamente fría.
Cuando recuerdo a esa niño caminando con paso inseguro, siempre con rapidez, cabizbajo como si quisiera pasar desapercibido en todo momento, noto como si sintiera que se habré una herida profunda en mi interior y como comienza a sangrar de nuevo, como la sangre comienza a fluir como si quisiera salir al exterior, recorrer cada poro de mi piel desnuda y acabar en el olvido.
Mientras recuerdo todo lo que ha quedado atrás para ti y para mi puedo sentir el olor de la niebla densa, la humedad que ésta dejó en nuestras vidas a cada paso que dimos y la enorme sensación de frío que durante el resto de mis años de vida, será mi más fiel compañera“ .


Que chulo!!! Me a gustado mucho,escribes muy bien. Luego echare un vistazo a lo que has escrito,me gusta mucho. Besos guapa.
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