El momento del encuentro, de la angustia perceptible en los latidos acelerados de mi corazón, de las lagrimas recorriendo el exterior a través de los cristales, por mis ojos complemente invadidos por las mismas. Nuevamente ha llegado esta mañana a visitarme, se ha sentado junto a mi, recordándome una vez más mi pasado.
Mirando sin mirar nada a través del cristal de mi ventana, dejo que mi cabeza me lleve de nuevo a recordarte, no es difícil en apenas unos segundos puedo estar sintiéndote como si realmente estuvieras esperando mis buenos días.
¡Buenos días, tristeza!
_ ¿Qué haces de nuevo aquí?, ¿Por qué vuelves a invadir mi calma?, son las únicas preguntas que puedo hacerte. A las cuales respondes firme y segura de ti misma;
_ Indudablemente, hoy mi aparición, mi pequeña amiga, no es para llevarte por unos segundos a tu verdadera felicidad; sentirlo de nuevo. Hoy vengo con la intención de llevarme todos y cada uno de los recuerdos que mantienes, recuerdos a los que estas aferrada por que no quieres soltarlos, recuerdos que crees que te acercan cada noche a sentir el calor de sus manos, recuerdos que producen en ti el mayor de los sufrimientos y no te dejan avanzar por el camino de la vida.
_Si pudiera elegir, si tuviera el poder de borrar un pasado, sabes que tengo claro que querría regresar a él, ¿por qué quitarme mi alimento? Déjame, que le lloré en un rincón, no te lleves mi alimento; Una vez hace un tiempo olvidé lo que era para mi, ahora no quiero hacerlo, y el recuerdo es la única forma de seguir viviendo. Tristeza, invádeme cada mañana, cada atardecer, cada noche, pero con un solo motivo; El.
Quiero y debo seguir con este recuerdo amargo y sin fin, es mi única forma de no odiarme a mi misma, es la única forma de pagar aquella mentira, es mi único motivo existencial. Los remordimientos, la angustia, la culpa son las palabras que me rodean cada día. Y quiero que siga siendo así.
Buenos días tristeza, ¡Ven y acuéstate aquí!…
Lilian, octubre 2010


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