Capitulo 3
¡Salida
de chicas!
Al
sentarme frente al ordenador, he leído toda la conversación que durante la
tormenta, ha ido dejando Rosa en mi pantalla.
Me
propone tomar un café con dos chicos de la red social en la que estamos
metidas.
Al
principio no es algo que me apetezca demasiado, las ganas de arreglarme son
nulas, y conocer a alguien justo hoy, sería un error puesto que siempre me han dicho que mi reflejo es lo que soy. Mi expresión en el rostro denota como estoy, como me siento, es algo
que nunca cambiará en mí.
Volví a
sentarme frente al ordenador e intente explicarle a Rosa que no era buen
momento para conocer a nadie. Desde el día que la conocí supe que tenía un gran poder de persuasión y si no lo tenía era yo quien me dejaba persuadir, sin lugar a duda.
Ella logró convencerme, supongo que más bien quería que me convenciera, quedarme en casa después de cómo me había sentido sólo acrecentaría mi dolor, e ir a la peluquería era dedicarme a pensar en lo ocurrido en lugar de mirarme al espejo y decirme que bonita te ves.
Aunque realmente ir a la peluquería no era tan mala idea, llevaba un tiempo planteándose la idea de volver a su color natural.
Ella logró convencerme, supongo que más bien quería que me convenciera, quedarme en casa después de cómo me había sentido sólo acrecentaría mi dolor, e ir a la peluquería era dedicarme a pensar en lo ocurrido en lugar de mirarme al espejo y decirme que bonita te ves.
Aunque realmente ir a la peluquería no era tan mala idea, llevaba un tiempo planteándose la idea de volver a su color natural.
Rosa no
le dio mucho tiempo a Cris, eran casi las siete y habían quedado a las siete y
media.
Cris se
puso un vaquero color clarito una camiseta en color negro con un hombro al
descubierto y unas sandalias blancas y como no una pinza en el pelo, siempre creyó que un aspecto despeinado la favorecía más.
Lo cierto es que en menos de veinte minutos estaba lista para salir.
A medida que me iba acercando a la esquina de la calle donde habías quedado, iba más insegura.
Bueno por fin puedo ver a Rosa y ya estoy a punto de echarme nuevamente atrás, es lo malo de no quererse a uno mismo, o de sentir que eres una pequeña partícula de polvo que tiende a pasar casi desapercibida.
Rosa estaba preciosa, no había pasado por alto ni un sólo detalle, maquillada, con tacones... vamos justo lo contrario que Cris.
Hola _dijo Cris.
Hola nena _dijo Rosa.
_Lo cierto es que los planes han variado un poco, supongo que no te importará que el café, sea en otro lado.
_¿En otro lado?
_Si, uno de los chicos que quiero que conozcas es de fuera de la ciudad, y no le ha dado tiempo a coger el autobús y tiene el coche estropeado.
_Vaya, ¿entonces?
_Vamos nosotras allá, Alejandro nos recoge aquí. Tiene que estar a punto de llegar.
Rosa, pero a ver dijo Cris muy nerviosa.
_¿Tú lo conoces?
_Sí, si tranquila. Yo ya he tomado café con él un par de veces.
_En ese caso no tengo nada que decir. ¡Vamos pues!
A Cris le pareció un chico sin encanto cuando bajo de un coche gris aparcado en doble fila. No era para nada el chico en el que ella se hubiera fijado en ningún sitio. Siempre había sido muy selectiva, quizá en el aspecto físico ya ni selectiva más bien exigente.
La primera impresión dicen que es la que cuenta, pero en mi caso puedo asegurar, que fallo totalmente.
Rosa hizo las presentaciones oportunas y subimos al coche, se llamaba Alejandro.
El viaje fue tenso, Alejandro no paraba de hablar con Rosa y yo en el asiento trasero no dejaba de mirar mi móvil, quizá esperando que alguien rompiera la tensión de ser la tercera en discordia por que en todo momento eso me pareció.
Mi ex, mi hijo, mis problemas me acompañaron todo el camino y un móvil en la mano que no llego a sonar.
Llegamos a nuestro destino cerca de las ocho, recuerdo que era el mes de abril y hacia un día precioso. Siempre he creído que la primavera es mi inyección de vida.
Ahí estaba Xavier, sentado en un banco.
La verdad es que si Alejandro fue seco al presentarnos Xavier lo fue mucho más. La primera toma de contacto sentados en la terraza del bar fue bastante habitual para ellos, para mi no. Mi cabeza es complicada, y no hacía más que repetirme, ¿qué haces aquí?.
A) Decido darme tiempo y aguanto un poco más sentada en la terraza.
B) Cojo el autobús y me vuelvo a casa.
Lo cierto es que en menos de veinte minutos estaba lista para salir.
A medida que me iba acercando a la esquina de la calle donde habías quedado, iba más insegura.
Bueno por fin puedo ver a Rosa y ya estoy a punto de echarme nuevamente atrás, es lo malo de no quererse a uno mismo, o de sentir que eres una pequeña partícula de polvo que tiende a pasar casi desapercibida.
Rosa estaba preciosa, no había pasado por alto ni un sólo detalle, maquillada, con tacones... vamos justo lo contrario que Cris.
Hola _dijo Cris.
Hola nena _dijo Rosa.
_Lo cierto es que los planes han variado un poco, supongo que no te importará que el café, sea en otro lado.
_¿En otro lado?
_Si, uno de los chicos que quiero que conozcas es de fuera de la ciudad, y no le ha dado tiempo a coger el autobús y tiene el coche estropeado.
_Vaya, ¿entonces?
_Vamos nosotras allá, Alejandro nos recoge aquí. Tiene que estar a punto de llegar.
Rosa, pero a ver dijo Cris muy nerviosa.
_¿Tú lo conoces?
_Sí, si tranquila. Yo ya he tomado café con él un par de veces.
_En ese caso no tengo nada que decir. ¡Vamos pues!
A Cris le pareció un chico sin encanto cuando bajo de un coche gris aparcado en doble fila. No era para nada el chico en el que ella se hubiera fijado en ningún sitio. Siempre había sido muy selectiva, quizá en el aspecto físico ya ni selectiva más bien exigente.
La primera impresión dicen que es la que cuenta, pero en mi caso puedo asegurar, que fallo totalmente.
Rosa hizo las presentaciones oportunas y subimos al coche, se llamaba Alejandro.
El viaje fue tenso, Alejandro no paraba de hablar con Rosa y yo en el asiento trasero no dejaba de mirar mi móvil, quizá esperando que alguien rompiera la tensión de ser la tercera en discordia por que en todo momento eso me pareció.
Mi ex, mi hijo, mis problemas me acompañaron todo el camino y un móvil en la mano que no llego a sonar.
Llegamos a nuestro destino cerca de las ocho, recuerdo que era el mes de abril y hacia un día precioso. Siempre he creído que la primavera es mi inyección de vida.
Ahí estaba Xavier, sentado en un banco.
La verdad es que si Alejandro fue seco al presentarnos Xavier lo fue mucho más. La primera toma de contacto sentados en la terraza del bar fue bastante habitual para ellos, para mi no. Mi cabeza es complicada, y no hacía más que repetirme, ¿qué haces aquí?.
A) Decido darme tiempo y aguanto un poco más sentada en la terraza.
B) Cojo el autobús y me vuelvo a casa.


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